Mourinho, el modelo perfecto

El pasado viernes, día 17 de mayo, el Real Madrid perdía la final de la Copa del Rey a manos de su eterno rival, el Club Atlético de Madrid. Con esta derrota terminará la trayectoria de José Mourinho, el técnico blanco durante las tres última temporadas. Una andadura con más sombras que luces en la que hay que destacar algunos éxitos deportivos (1 Liga, 1 Copa, 1 Supercopa) y numerosos incidentes y polémicas que han provocado una repulsa casi general de su forma de actuar.

Sobre la cualificación técnica de Mourinho ni caben dudas ni este es el lugar para glosarlas. Su palmarés global ahí está: ha logrado todos los títulos que puede alcanzar un entrenador a nivel de clubs y en todos los equipos en los que ha estado en Portugal, Italia, Inglaterra y España. Incluso ha sido reconocido como el Mejor Entrenador del Mundo por la FIFA (2004 y 2005) y obtuvo el Balón de Oro en 2010. Sin embargo, su carácter le ha granjeado grandes enemigos y la reprobación por su estilo.

Mourinho ya ha sido protagonista de libros, artículos y conferencias desde el punto de vista de la gestión de personas, muchas veces en comparación con Guardiola, ex entrenador del F.C. Barcelona, por lo antitético de sus modos de actuar. Ahora que Mourinho finaliza su vinculación profesional con el Real Madrid y que lo hace con más pena que gloria es fácil olvidarse de sus éxitos y cebarse con su actitud. Siempre es fácil hacer leña del árbol caído. Sin embargo, su fama no es de ahora y su palmarés deportivo siempre ha ido en paralelo con una gestión de personas controvertida y unos criterios algo más que discutibles.

Recuerdo que hace tiempo se publicó un artículo en Capital Humano en el que autor enumeraba 21 medidas para desmotivar a las personas. Ahora, Mourinho me lo recuerda. Creo que se ha ganado por méritos propios que su caso se estudie en las escuelas de negocios como ejemplo de cómo se puede ser un profesional de éxito (resultados) poniendo en práctica métodos que van en contra de cualquier manual de gestión de personas (ética).

Recientemente Santiago Álvarez de Mon, uno de los más clarividentes pensadores de la gestión en España y uno de los profesores del IESE con una formación más sólida, hacía una crónica de urgencia en Cinco Días que titulaba “Mourinho, mediocre gestor de equipos”.  Álvarez de Mon señalaba cómo había sido capaz de desafiar y agredir los valores de una institución centenaria, de menospreciar a la prensa, de poner en evidencia a sus propios jugadores (Benzema, Sergio Ramos, Casillas, Pepe) censurando en público y castigando como “un niñato cabreado y egoista”, y un no muy largo etcétera que podría ser muy largo. Mourinho se ha convertido en un modelo perfecto de cómo no deben hacerse las cosas.

Con todo, también quiero recordar que para que una empresa pueda desarrollar una buena política de recursos Humanos es imprescindible el apoyo de la Dirección General. Del mismo modo, el comportamiento de José Mourinho no habría sido posible sin el apoyo de la presidencia del Real Madrid. En mi opinión, el presidente no ha sabido cortar a tiempo un comportamiento claramente tóxico en virtud de no sé qué razones. El resultado no se puede conseguir de cualquier manera. El fin nunca justifica los medios.

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