¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? | José Antonio Carazo

¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?

En 1993 Manuel Gómez Pereira dirigió ’¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?’, protagonizada por Verónica Forqué y Jorge Sanz. La película no deja de ser una entretenida comedia, aunque recibió varios premios. Sin embargo, el título fue todo un hallazgo y se ha utilizado en numerosas ocasiones, sobre todo cuando personalidades de relevancia pública utilizan algunos de los eufemismos a los que con tanta frecuencia se recurre cuando se quieren evitar determinados términos.

Por su parte, a mediados del mes pasado, durante la celebración del XV Congreso Nacional de Empresarios del Transporte en Toledo, Juan Rosell, presidente de CEOE, nos volvió a traer a la memoria esta película cuando pidió una vez más el ‘despido libre’, pero “sólo para situaciones de reestructuración o necesidades de gestión”. También pedía que la casuística fuera claramente definida para evitar que los jueces tuvieran que ‘interpretar’ la norma. Evidentemente es más políticamente correcto hablar de despido libre que de despido gratis, pero en realidad lo que pide el presidente de la patronal es esto segundo.

El despido libre, en la práctica, ya existe. Salvo casos muy concretos un empresario puede despedir a un trabajador, con la indemnización que marca la ley. Los contratos laborales, como todo contrato, están sometidos a la tutela judicial y recogen –directamente o a través de la legislación- las condiciones de su extinción. Pedir la gratuidad para cancelar estos compromisos equivaldría a pedir también la cancelación sin coste de las deudas, la exención de pagar alquileres o la cancelación de los acuerdos con proveedores de forma unilateral y sin compensación alguna, ‘sólo’ en casos de crisis.

Las Administraciones Públicas deben facilitar la labor de los empresarios, pero también defender los intereses de todas las partes. Los empresarios son los que crean trabajo. Pero, su objetivo no es crearlo -o no directamente- salvo determinadas organizaciones cuyo fin no es el económico -o no lo es exclusivamente-. Las empresas se crean con fines económicos para obtener una rentabilidad. Una actividad lícita sujeta a las reglas del juego. Cuando cualquier agente económico y social las empresas deben cumplir la normativa civiles, comercial, económica, fiscal, laboral y del tipo que sea. El precio es asumir el riesgo de invertir: en adquirir instalaciones, en financiar los stocks o en contratar personas. Ese riesgo tiene como compensación la expectativa del beneficio. Cada uno de estos factores tiene un coste que se debe asumir y cubrir sobradamente con la actividad empresarial.

Llaman la atención las palabras de Rosell en un momento en el que hay claros indicios de recuperación de la actividad económica, cuando la mayoría de los grandes ajustes ya están hechos, con una reciente reforma laboral que ha flexibilizado las relaciones laborales y ha reducido notablemente sus costes y en el que algunas voces empresariales han expresado que se puede empezar a hablar de incrementos salariales.

De hecho, hace pocas fechas un personaje tan cualificado como Federico Durán llamaba la atención sobre el peligro de pivotar la negociación colectiva para 2015 en los incrementos salariales, cuando -a su juicio- la moderación debe seguir presidiendo los acuerdos sectoriales y de empresa. En su opinión, sólo en casos concretos de empresas con buenos resultados se justifica acordar incrementos salariales que, en cualquier caso, debería estar vinculados al desempeño y la productividad.

Por otra parte, ayer el Consejo Empresarial para la Competitividad, integrado por las principales grandes empresas españolas, presentaba un estudio en el que aseguraba que se podría crear empleo con incremento de la inspección laboral que aflorara empleos sumergidos, menos gasto público y reducción de los costes de la energía. A priori, parecen medidas más razonables aunque sea difícil llevarlas a la práctica porque implican decisión política, asignación de recursos y afectan a numerosos intereses que hay que saber conciliar.

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